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sábado, 30 de abril de 2011

PUBLICACIÓN

legua roja
o bien la guerra y Holanda

poemario
Año: 2011
Ed: Edición de Autor
Diseño: Magdalena Álvarez
Prólogo: Daniel Cristaldo Moratorio
ISBN: 978-987-33-0271-8
36 Páginas - $18 (Arg.) $100 (Uru.)
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En el mundo pocos creen que la poesía es “un orden de cosas y un desorden de cosas que juegan dentro del alma “ .Que las emociones que ella comienza en el lector interesado , es la misma realidad del mundo que dice su “guerra y su amor “ a la disposición del breve tiempo de los hombres y mujeres . El escritor de textos poéticos tiene que entrar en el lenguaje y salir de él haciendo su existencia en las palabras , caminando sobre ellas como encima de las aguas y también ser agua de profundidades . En estos poemas Felipe Herrero propone textos poéticos donde se demuestra sensibilidad cierta que busca y delicada inteligencia y así desarrolla la intuición de imágenes y metáforas donde sus textos “ transmiten la guerra y el amor de la existencia del mundo desde ese : “ todo se desenvuelve en carne/olor de sosiego interno/olor de un hechizo externo “. En estos poemarios Herrero logra que no todo se reduzca al hambre de cenizas combatientes que lleva en sus hombros la humanidad a lo largo de toda la historia , sino que también logra que sus palabras sean hechizantes conjuros que muestran las posibilidades potenciales en los días y las noches junto a las emociones .

Daniel Cristaldo Moratorio .

lunes, 28 de diciembre de 2009

Toros que sangran (fragmento... cuarta parte)

h: La guerra

¿Y si la guerra no fuera una guerra sino lo humano en su estado más puro? Entonces… ¡Adiós! Fracasé como humano y como hombre. No entendí a la humanidad y tampoco quiero entenderla.
Somos toros que sangran, las venas se nos escapan del corazón a la realidad, hasta los bordes del cuerpo escapa la sangre que tiñe la vida. ¡Pero yo no soy real! No soy real, más bien lo irreal ya visto, lo que persiste no en vano porque aun persiste.
¡Soy lo irreal ya visto!

Somos toros que sangran. Viveza desperdiciada ante el obelisco al idiota. Y bajo el obelisco, una hilera de hormigas bajo zapatos del mundo viven la vida de manera magistral. Viven y mueren bajo un yugo alegre. ¿Quién entendió la alegría? ¿Vamos a hablar con una para ver quién goza de mayor felicidad?

i: Humanidad (del lat. humanîtas, - ãtis) Refiere a aquello que ya nadie sabe

Quiero llevarte a conocer el mundo porque aun no lo conozco. La soledad de una persona hambrienta me llama la atención, nos llama la atención. Quiero caerme en tus brazos hasta pedir de rodillas, postrado en el suelo que empapa mi llanto, pedir que salvemos la risa, que salvemos lo bello. La humanidad en la simpleza más fresca. ¡Ser humano! Aclarar nuestra mente de duda y actuar cuando haya que actuar.
Y ya no estoy solo bajo la vestimenta del mundo. Hay sistemas aislados que “todos” anhelan para lo normal. Como Cachi[1] otros pueblos del mundo respetan la identidad de estar vivo.

j: 7.000 millones y un arenero inagotable

La guerra en la palma de mi mano; los ojos necesitan humedad, de ahí los párpados. Miro en mi palma los soldaditos que se mueren. Me río, son juguetes para variar. Ya nada va a pasar.
Bajo un yugo imbécil se siente pieza inservible. Veintitantos años al pedo para traer a su hijito al mundo. Zonas tibias de un frágil todo. Su novia cuenta esa figuración y él se acurruca en el calor de su risa. Pero aun así, al apartarse del mundo y apartarla a ella y más adelante a ella/él del mundo, eso no les traerá la felicidad. El mundo ofendido[2] va a seguir siendo ofendido por la evasiva mundana.
Y otro tira dos torres que rompen “con todo”. Otro ingresa números en una computadora de ficción que después explota y el mundo sigue ofendido. Y va a seguir ofendido, por siempre ofendido hasta que la humanidad deje de lado el arenero y sus soldaditos.


[1] Pueblo en el Noroeste de la Provincia de Salta, Argentina.
[2] “El mundo ofendido” frase de Elio Vittorini (1908-1966), en Conversación en Sicilia, Editorial Gadir, España, 2004


(Para leer la quinta parte de Toros que sangran)


©: Felipe Herrero, 2009. Este fragmento forma parte del libro de cuento "Puertas del delirio".

sábado, 19 de diciembre de 2009

Toros que sangran (fragmento... tercera parte)

e: Amanece en el basural

El sol se eleva hacia la altura aun de plata por las estrellas. Entonces la realidad se presenta cuando coloco los pies en la vereda.
Caminamos rumbo a las labores en medio de un basural. Aun dormidos, los hombres no reparamos en el infierno que nos rodea. Deshechos que ha expulsado la guerra. La pelea del hombre con el hombre. Potencia contra potencia arrojan basura hacia el bello paisaje que en la tristeza de una lluvia, se humaniza.
Estiro las piernas cuando las pongo en acción, camino unos pasos por la vereda helada. Todo mi cuerpo se despereza hacia arriba. Tengo tortícolis pero no me importa.


f: Islas en medio de la infección

De todas maneras existen personas, pequeñas e invisibles a nuestros ojos, que alojan abismos de libertad en su interior. Estas personas, llegado el auge de su vida, deciden ofrendar aquella libertad al otro. Podría hacer listas de nombres casi interminables. No lo haré, no tiene caso la enumeración, pero sin embargo desde el fondo agradezco a esas personas, a esas islas límpidas en medio de la infección, por haber mantenido a flote a la humanidad, en momentos en que esta peligraba con su extinción de la mente de los hombres.
La humanidad, ser humano con el otro, evocarse al bienestar del ajeno que se vuelve hermano.
Dale… dejen de lado la lectura; no hago más que decir lo que ya se sabe. La estupidez y la insolencia nos rodean. Parece que debemos repetirnos las cosas para siempre.

g: Un papel garabateado

Se le da desmedida importancia a una idea volátil de poder cuyo fin, por completo irreal, consiste en atraer el ocio y la felicidad, solo una farsa “alegría” logra el dinero en exceso; una codicia garabateada. Mientras, dejamos de lado al pensamiento humanista que alberga millones de ideas volátiles, más creíbles y hermanas de la felicidad. Si la vida fuese el ocio personal ¿Para qué existe lo plural? ¿El compromiso? (a quién ya nadie se adhiere) ¿Por qué existe una dicha ardiente e infrenable cuando se ayuda al otro? Entonces… ¿Qué caso tiene la riqueza material? ¿Para qué el dinero en cantidad? ¿Para viajar por el mundo y en una de las vueltas conocer el Partenón o a Creta bañada en el rosa del nuevo día? ¿O tal vez para respirar la frescura de Capri o más barato, Cachi? ¿O quizá, finalmente, para proporcionar a nuestros hijos un futuro seguro en cuanto a lo económico, y de esa forma negarles la posibilidad de obrar en el mundo con un trabajo sano y humanitario? ¿Ahorrarles el desgaste que acarrea el trabajo? Por un lado no se cumpliría la función de padre, por el otro, no es necesario ser millonario para viajar por el mundo, sino ahorrativo. Esforzarse por llegar a lo que uno anhela. Acumular en exceso perjudica al resto.
¿Para qué ser millonario?

(Para leer la cuarta parte de Toros que sangran)



©: Felipe Herrero, 2009. Este fragmento forma parte del libro de cuento "Puertas del delirio".

domingo, 22 de noviembre de 2009

Toros que sangran (fragmento... segunda parte)

c: La sangre brota

Por las noches estiro las piernas, aún a las seis de la mañana el sol no ha visitado el cielo para iluminar su desastre descomunal: nosotros.
Ya no cuestionaré un “porqué”, iré a lo evidente, al principio, al inicio cuando la mente termina de maquinar una fórmula; a la esencia que motiva al hecho:
¿Para qué matar a un humano?
La discordia une a algunos y separa al resto. Alguien ha cantado una idea que a un tercero le disgusta y lo lleva a formular su contra-idea.
Es mejor mandar al ganado que discutir el problema con un tesito a la mañana. Total, la lejanía lo salva de los problemas del otro que, resta decir, poco importan. El trigo cuando algo lo sopla se mueve todo para un mismo lado, el trigo no pregunta; confía en su viento y lo hace. ¿Para qué matar a un humano? ¿Para qué?
La pregunta resuena sin respuesta, y seguirá haciéndolo por años, por siglos y existencia, mientras la sangre circule por los cuerpos.


d: La epidemia de mi tabla

Quito los restos de papel de la tabla, soy un nuevo hombre ahora, pero otra vez el bostezo me atrapa y me hace soltar un chirrido agudo por la boca. A nadie engaño, tabla limpia o tabla sucia no me salvarán de mi desgraciada vida.
El permiso también suele ser un problema de estas personas que merodean por el mundo. Dejan que el ajeno haga en nombre de ellas lo que el ajeno cree pertinente hacer. Lastima que ese hecho solo le compete a él, a su persona aburrida de los demás, harta de los demás por una indiferencia cuando niño, por falta de educación o váyase a saber por qué razón. ¡Claro! La multitud da el poder a la personalidad vigente, por lo tanto, la multitud debe responsabilizarse por ella, no reprochar si su accionar fue errado, o bien, si la personalidad no llevó a cabo lo pactado; aun así, la masa es la responsable, por no haber dilucidado la pureza de la personalidad en su debido momento. ¡Sí! Lo sé, no gusta ¿y a quién sí? ¡A nadie! ¿A mí? ¡No! De ninguna manera, y menos me gusta observar que una persona muera en mi vereda. Las cosas son así y es lamentable.
La tabla está limpia, pero el hedor aun queda, y bajo su blanco infinito bosquejo una mancha con los ojos, que es para mí, imborrable.


(Para leer la tercera parte de Toros que sangran)


©: Felipe Herrero, 2009. Este fragmento forma parte del libro de cuento "Puertas del delirio".