martes, 30 de diciembre de 2008

PUBLICACIÓN

Del ovillo al suéter

Cuentos
Año: 2008
Ed: Edición de autor
Diseño: M. Álvarez
ISBN: 978-987-05-4697-9
40 páginas

- Edición Agotada -

"... Y así, como si nada, como es nada el canto de los pájaros. De esta tempestad que rodea nuestro bote, surge, desde lo más alto... Amanece la luna que es llena y para nosotros. Entonces tu mirada se quiebra, la tensa cuerda afloja y mis ojos caen, muertos de amor contra el suelo. Tu mirada vaga desde la mía por el océano. Mares encabritados ya se calman ante el satélite lunar. Tus ojos ascienden. Tan pasivo tu cuerpo en el bote, la blanca sombrilla de señora elegante en tu mano. De tu quietud aumenta la inquietud, y como niña de interna y revoltosa intriga, tus ojos tristemente se frenan ante la luna..."
fragmento del relato La luna.

martes, 2 de diciembre de 2008

Tormenta y llovizna



… a Peter Gabriel.

Se esconde, regresa de la vida que se muere de lleno. Las flores más tristes del jardín de su tía exhalan la impureza de los días secos. Gotas de lluvia aspiran el interior de las flores; algunas se rompen hasta un renacer.
La mujer gotea, el hombre huye al trabajo; y ella queda en una pena, exhausta del vacío dulce que acarrea el llanto. Y después, llega un mar más amplio. Llega una adelantada lluvia roja. Entonces la mujer se rompe en mil pedazos, la lluvia cae por el interior de tormenta; la pérdida, una oportunidad ha pasado hasta nuevo aviso. La mujer es prevenida demasiado tarde, el proceso llega a su fin: la lluvia roja cae hacia el mar púrpura. Y ella está sola, porque el hombre la ha dejado en la mañana.
La mujer se aferra a los objetos de la habitación y llora. Duele perder la capacidad de dar vida. El ciclo es infrenable. Llueve, pero el sol está radiante; y el mundo se mueve para subsistir. Todo lo muerto huye del cuerpo. Los días ocurren, uno tras otro con dolores más nimios y, llegado el momento, la mujer rejuvenece. Loca de alegría sale a la vida que se abre de lleno. 1


1 Peter Gabriel, en su tema “Red rain”, en realidad está haciendo referencia a la bomba de Hiroshima y a lo que acarreó después. Yo también utilizo la lluvia roja como inicio de la muerte; pero lo aplico al fin del ciclo de la mujer.


©: Felipe Herrero, 2009. Este texto forma parte del libro de cuento y relato "Otoño y olvido".

jueves, 20 de noviembre de 2008

Me llaman Abuelo Pedro




El otro día, cansado de vagar por la soledad de mi cuarto, sin nada que hacer más que recostarme en la cama, con dificultad y exagerados gemidos. Extraje de la mesita de luz la revista que compro los domingos por la mañana en la esquina.
Al bucear en las páginas me detengo en una, por el simple hecho de encontrar en ella un mensaje que se acomoda a lo absurdo; pero lo absurdo plagado de tristeza. Son aquellos mensajes que la gente solitaria entiende más allá de lo que los publicitarios quieren que se entienda. Son palabras para la gente que confía en la otra gente.
Juntá puntos y elegí uno de estos increíbles premios.
La página, empapada de un color claro, cercano al lugar que corresponde al tono de la crema vencida, exhalaba un vicio desesperante.
No solo te premian por consumir. A ello debe agregársele un plus. Hoy en día, a uno lo premian por destruirse.
¿Qué otro deseo que quedarme en casa? ¿Qué otro elemento llamativo puede atraerme hasta pincharme el órgano bombeador?
Prefiero quedarme en lo mío y destruirme solo. Prefiero saber que la soledad destruye a no saber que lo social también lo hace.
Prefiero ser consiente de mi muerte futura.
Me llaman Abuelo Pedro.

©: Felipe Herrero, 2009. Este texto forma parte del libro de cuento y relato "Agua marina".

domingo, 9 de noviembre de 2008

El Sahara queda muy lejos




Similar. El sonido se extiende. Un vulgar crujir de viento arenoso; se resuelve la arena en la arena. Y tu soledad aparece desde la derecha, donde un oasis dejó en almíbar tu piel de leche. Como pequeña niña, tus manos parecen una confusión de nervios; se agitan por necesario movimiento. Tus manos, con agua que se evapora por la intensidad solar, se agitan, y pequeñas gotas navegan por el aire hasta su evaporación más triste. Tus ojos miran la soledad. La palita no puede ayudar por que no tiene vida. Niña del oasis más pequeño del mundo, es hora de abandonar el arenero para tomar el té.




©: Felipe Herrero, 2009.
Este texto forma parte del libro de cuento y relato "Agua marina".