jueves, 5 de marzo de 2009

PUBLICACIÓN

Agua marina


Cuentos y Relatos
Año: 2009
Ed: Edición de autor
Diseño: M. Álvarez
ISBN: 978-987-05-5397-7
52 páginas - $20 (Arg.) $80 (Uru.)


"... También quiero agua, Ingrid, también mis labios expresan ese deseo en las comisuras secas en donde la sal del océano ha encontrado guarida. Nos queda el recuerdo de los lugares que visitamos, las piedras, la muralla y la flor; o nos queda estudiarnos, cada uno desde un extremo de la balsa en plan de asesinar o amar al otro por supervivencia..."



fragmento del relato Dos desiertos y un yuyo.

lunes, 12 de enero de 2009

Los ojos de mi hermano


… para Pascual.


Del día; un vago recuerdo de tonos coloridos en la plaza.

Luego de la cena en familia. Luego de que mi hermano iluminase sus ojos ante la blancura de esta noche universal. Me aparecí a su lado para charlar un poco.
Nos alejamos de la casa inmediatamente. Del pueblo más apartado del mundo, un silencio. Partimos hacia la montaña, donde la charla entre el viento y la hierba acuna a los pájaros que allí descansan. Descalzos —ya que la pobreza nos obsequia el duro tacto con la filosa roca— caminamos sin prevenir el naciente sonido de un rápido. Aquí las horas se detienen, el tiempo deja de latir al rítmo que exige la Capital; adquiere otra cadencia y nunca se agota. El tiempo se aferra a la nieve de la cumbre y suspira.

Entonces mi hermano se sienta sobre una roca; mira como el agua corre hacia el desconocido valle. Me acuclillo junto a él y sonrío. En lo alto, la luna juega nuevamente a atravesar la cúpula estrellada. Silenciosa, avanza hacia una lejana desaparición. Y ahora, cuando el ruido es solo aquél que emite el agua con la roca, los ojos de mi hermano se clavan en los mios. Observa atentamente. Y todo en silencio me cuenta sobre la vida y sus humanos.

Mariposas se desprenden de las ramas, incoloras nieves que aletean hacia la libertad. Pero aun así mi hermano fija la mirada en la mía; arriesgo a pensar que centra la atención en mi mente. Él sabe que algo me persigue, y que pronto el anochecer eterno asfixiará mi vida. En aquél momento en el que mis padres decidan transportarme a la Capital por mis estudios. Aquél día mi hermano correrá a las alturas para amargarse, para llorar por la pérdida de su hermano más grande. Por la pérdida de esta sencillez que nos une; ya que nunca volveré a observar las cosas de la misma manera que hoy día las observo. Ya, cuando viajé hace algunos años a la Capital para conocer a su gente, nos costó reencontrarnos en la mirada; la charla predilecta de una hermandad. A medida que mi alma adoptaba la serenidad del norte, del mismo modo conseguía complicidades amistosas con mi hermano. Hasta que al fin un día, descubrí que mi hermano reía conmigo.
Ahora cree que me perderé de nuevo. Pero… ¿Cómo perder la tierna mirada de un hermano? Solo pensar en ella me traerá la tranquilidad de toda la montaña. ¿Cómo perder los ojos de mi hermano por segunda vez? ¡Nunca ocurrirá tal cosa! Y si el mundo pampeano me esclaviza, si es real y me secuestra y me rompe en mil pedazos para siempre. Aun así, sabré que mi hermano corre con el pecho hinchado de natural por las montañas.

Eso me dará tranquilidad.


©: Felipe Herrero, 2009. Este texto forma parte del libro de cuento y relato "Cachi. Un pueblo en las alturas".

martes, 30 de diciembre de 2008

PUBLICACIÓN

Del ovillo al suéter

Cuentos
Año: 2008
Ed: Edición de autor
Diseño: M. Álvarez
ISBN: 978-987-05-4697-9
40 páginas

- Edición Agotada -

"... Y así, como si nada, como es nada el canto de los pájaros. De esta tempestad que rodea nuestro bote, surge, desde lo más alto... Amanece la luna que es llena y para nosotros. Entonces tu mirada se quiebra, la tensa cuerda afloja y mis ojos caen, muertos de amor contra el suelo. Tu mirada vaga desde la mía por el océano. Mares encabritados ya se calman ante el satélite lunar. Tus ojos ascienden. Tan pasivo tu cuerpo en el bote, la blanca sombrilla de señora elegante en tu mano. De tu quietud aumenta la inquietud, y como niña de interna y revoltosa intriga, tus ojos tristemente se frenan ante la luna..."
fragmento del relato La luna.

martes, 2 de diciembre de 2008

Tormenta y llovizna



… a Peter Gabriel.

Se esconde, regresa de la vida que se muere de lleno. Las flores más tristes del jardín de su tía exhalan la impureza de los días secos. Gotas de lluvia aspiran el interior de las flores; algunas se rompen hasta un renacer.
La mujer gotea, el hombre huye al trabajo; y ella queda en una pena, exhausta del vacío dulce que acarrea el llanto. Y después, llega un mar más amplio. Llega una adelantada lluvia roja. Entonces la mujer se rompe en mil pedazos, la lluvia cae por el interior de tormenta; la pérdida, una oportunidad ha pasado hasta nuevo aviso. La mujer es prevenida demasiado tarde, el proceso llega a su fin: la lluvia roja cae hacia el mar púrpura. Y ella está sola, porque el hombre la ha dejado en la mañana.
La mujer se aferra a los objetos de la habitación y llora. Duele perder la capacidad de dar vida. El ciclo es infrenable. Llueve, pero el sol está radiante; y el mundo se mueve para subsistir. Todo lo muerto huye del cuerpo. Los días ocurren, uno tras otro con dolores más nimios y, llegado el momento, la mujer rejuvenece. Loca de alegría sale a la vida que se abre de lleno. 1


1 Peter Gabriel, en su tema “Red rain”, en realidad está haciendo referencia a la bomba de Hiroshima y a lo que acarreó después. Yo también utilizo la lluvia roja como inicio de la muerte; pero lo aplico al fin del ciclo de la mujer.


©: Felipe Herrero, 2009. Este texto forma parte del libro de cuento y relato "Otoño y olvido".